21.3.20

Coronarrogancia (por Juanpe Blanco Mira)

 [Unha reflexión do meu fillo Juanpe. Ten 21 anos]

Coronarrogancia


No deja de sorprenderme el límite infinito de la arrogancia humana. Cuando menos, asombra ver cómo los gobiernos de todo el mundo adoptan medidas drásticas para evitar la propagación del Covid-19: el cierre inmediato de las industrias, la paralización del tráfico casi en su totalidad y el confinamiento general de la sociedad son algunas de dichas medidas. Los telediarios acribillan los oídos de cada cuidadano con sus incesantes amenazas en las que predominan las palabras muerte, contagio, peligro... 
Soy incapaz de comprender el por qué de esta innecesaria difusión de pánico y terror cuando lo único que debemos hacer es quedarnos en casa con nuestras familias (hablo en general). Cosa que seguramente mucha gente, a la que la rutina agobia, llevaba deseando durante mucho tiempo: «Ojalá tener más tiempo para mí, ojalá pasar más tiempo con los míos en casa, ojalá tener tiempo para leer ese libro o escribir esa novela...» Pues bien, lo que saca a la luz todo esto es el inconformismo de una sociedad de personas tan incapaces de convivir consigo mismas que mucho menos lo son de convivir con los demás. Ahora más que nunca, ansiamos una libertad que se nos está otorgando. La Mama Pacha en cierto modo ha decidido pausar nuestro acelerado ritmo para dejarnos pensar, dejarnos reflexionar sobre si el ser humano está realmente siendo humano. Ahora podemos activar nuestro modo introspectivo para analizar en perspectiva si esto que está sucediendo es una señal. ¿Lo estaremos haciendo bien?   
Los medios de comunicación, heraldos del pánico, me producen hartazgo al ver que han acaparado el 100% de sus informativos con datos de muertes y contagios. ¿Ya no existen los migrantes de la frontera greco-turca, víctimas del engaño a la espera de acceder a Europa bajo condiciones infrahumanas? ¿Ya no importan los países a lo que asolan conflictos bélicos, viviendo desde hace años en un confinamiento perpetuo y horrrible? ¿Nos hemos convertido en el foco de atención del mundo porque nuestra economía primermundista se ha paralizado durante un mes, dos como mucho? Me produce vergüenza. Rabia. 
Si los informativos dedicasen un poco de su tiempo a hablar de las muertes que causa la contaminación, (10.000 anuales solo en España, 800.000 en Europa y 7.000.000 en el mundo, ya que saco el tema) seguramente más de un@, en lugar de correr como un hámster en su rueda hacia el supermercado para arrasar con el papel higiénico, o a la farmacia para abastecerse de mascarillas, guantes, termómetros, desinfectantes, etc., a lo mejor dejaría de tirar esa colilla por la ventanilla del coche, o puede que comenzase a reciclar, incluso puede que recogiese alguna basura que se encontrase aunque no fuese suya. Sí, han leído bien: aunque no fuese suya. Podría ser también que utilizásemos más la bicicleta o nuestras piernas, ambos magníficos inventos, para desplazarnos economicamente y aumentar la salud, por cierto.  
Si en las noticias diesen la importancia que corresponde a aquello que realmente la merece... Los niveles de contaminación en las grandes ciudades del mundo, especialmente en China, han disminuído de manera histórica en el poco tiempo que llevamos de confinamiento y siguiendo las medidas adoptadas por los gobiernos. Así mismo, en Europa la reducción de los niveles de dióxido de nitrógeno ha batido récords, en Italia sobre todo, donde solo por poner un ejemplo, en los canales de Venecia se vuelven a ver peces y aguas cristalinas después de muchos, muchos años. En la capital española en tan solo apenas dos semanas se redujo la contaminación del aire en un 35%. ¡Observen de lo que somos capaces en apenas dos semanas! Soy incapaz de comprender cómo ni siquiera esto se ha mencionado en la televisión: si yo fuera psicólogo, lo primero que recomendaría a cualquier paciente sería llevar la televisión al punto limpio más cercano para así obligarse a uno mismo a informarse por sus propios medios en los muchos artículos publicados por revistas e instituciones que realmente apuestan por el conocimiento crítico y objetivo. Irónicamente, a raíz de las consecuencias acarreadas por este terrorífico virus mortal, miles de vidas estan siendo salvadas, la salud del planeta está mejorando como nunca antes lo había hecho. Pero la principal víctima de esto es, cómo no, la economía, por lo que no merece la pena que la gente sepa que se está equilibrando la balanza economía-salud ambiental, y que es posible que siendo así todo funciona mejor. Ojo, no quiero decir que esto que está sucediendo de forma tan drástica sea como tiene que ser, pero sí que se demuestra por sí solo que dicha balanza la podemos equilibrar de manera muy fácil y en muy poco tiempo. 
¿Qué más hace falta para que empezemos a priorizar el bienestar global ante el dinero? ¿Por qué nos cuesta tanto deshacernos de la máscara del egocentrismo? ¿Realmente somos la especie más evolucionada? Quizás sí, pero también quizás hemos evolucionado demasiado, quizás tanto hasta el punto de que sea excesivo. Ya a mediados del siglo XIX un auténtico visionario, Charles Darwin, dio con la clave de la supervivencia: la adaptación de las especies. Aquella que no se adapta se extingue. Nosotros hemos sobrepasado la barrera de la adaptación de tal manera que hemos conseguido adaptar el medio a nosotros en lugar de nosotros adaptarnos al medio, pero como ya dije, estoy convencido de que todo esto puede ser una señal para disminuir este ritmo de inmesurable caos y desorden. Rectificar es de sabios y retroceder un poco sobre nuestros pasos es, sin duda, la nueva clave de la adaptación y por lo tanto, de la supervivencia.

27.1.20

Un relector


A miña condición de filólogo, editor e lector compulsivo provén directamente da liña familiar paterna pois meu avó comezou a atesourar libros contra os anos vinte do pasado século. Hai herdos envelenados, un deles, sen dúbida, recibir nestes tempos tres mil libros, de gran mérito, si, cultural, literario, social, ou simplemente erudito, pero malferidos polo tempo e editados cando, como di Andrés Trapiello, os libros en España semellaban impresos por militares e encadernados coas sotanas dos curas.
Atoparme cos números orixinais da Revista de Occidente, coas primeiras edicións de Freud en español, con xemas excepcionais como algunhas edicións venerables de Valle-Inclán segue premendo en min a tecla sensible dos recordos de papá tentando transmitirme o seu entusiasmo de bibliófilo. Outros achados curiosos levan a vitola do, simplemente, emocionante. Nun vetusto exemplar en tapa dura, Los vaqueiros de alzada en Asturias. Por Bernardo Acevedo y Huelves, abogado del Estado. Oviedo, Escuela Tipográfica del Hospicio Provincial, 1915, atopo unha dedicatoria manuscrita con letra itálica de pendolista: A Mario Blanco Fuentes para que conozca  a Asturias desde un prisma diferente del de la guerra. En la braña de Malleza, 21 de octubre de 1937, Juan Estrada.
Se penso que este mesmo libro do que termo foi agasallo dun compañeiro de armas ao soldado Mario Blanco na fronte do Norte, e que esas letras foron escritas hai máis de oitenta anos en circunstancias que non son quen de imaxinar, o libro dixital vólveseme un obxecto insolentemente frío, prescindible, baldeiro de alma. Concedo que, neste punto, son un romántico e que a lectura está asociada para min a liturxias moi antigas, que funden as súas raíces nas máis entrañables lembranzas da nenez, cando a biblioteca do avó se me facía un mundo de ensoño, cheo de mudos volumes que agochaban universos insondables.
Pero hai outras paisaxes, claro. Voltar á lectura, tras desertar dela, pode incorporar procedementos sorprendentes na sociedade dixital. Tras anos sen facelo (despois de ser de neno un lector case compulsivo), vin o outro día a meu fillo Roberto lendo, abismado no libro e illado do mundo ¡sen o móbil na man! Lía un dos trinta volumes dunha serie novelada de Star Wars, incitado, claro, polo visionado da última entrega cinematográfica da saga. E pensei: vale o fin, o de menos é o medio. Por certo, fun canda el ao cine pois son devoto de Star Wars. Tamén ao romanticismo hai que darlle un desafogo.

7.1.20

Libros e natureza


Disque o ollo do amo engorda o cabalo, algo que resulta ben adoito no labor editorial. O editor pensa o libro, deseña, define, perfila e mima ata o último dos seus detalles: a tipografía, o papel, a encadernación, as ilustracións, o deseño e grafismo da cuberta… e, ao cabo, mira o produto de tanto desvelo con ollos de namorado. Eu creo que, en tempos en que a evanescencia da Internet e a convivencia permanente cunha artillaría cibernética omnipotente acantoaron definitivamente o valor do traballo artesán, a edición está recuperando, paradoxalmente, unha dimensión que, nos últimos anos, se erosionou considerablemente perante a profecía da fin do libro impreso fronte ao inevitable embate da literatura dixital, unha batalla falaz que, de feito, non chegou a ter lugar. 
Nunca se editou como agora. Atópanse nos andeis das librarías verdadeiras xoias, libros, de gran formato ou de peto, luxosos ou máis modestos, para degustar e satisfacer exquisitos padais, tal como produtos da mellor gastronomía, algo do que tiven clara evidencia hai días rebuscando libros destinados a algúns agasallos de Reis. Para alguén moi especial, un devoto amante da natureza, elixín unha guía ilustrada de paxaros de Europa, un libro fermosísimo no que a beleza e detalle dos debuxos se alía coa técnica do editor nun produto excelso, unha obra redonda, feita simplemente para gozala. Lembro o pensamento de certo editor e magnífico deseñador: un libro ben editado é transparente como unha copa de vidro, semella o mero, pero perfecto, soporte para o viño máis exquisito. 
Esta vivencia activa da experiencia do editor acada en certos proxectos unha signficación especial. En 2002, coa tradución ao galego d’O príncipe de Maquiavelo, botamos a andar na editorial universitaria, por iniciativa do entón reitor Darío Villanueva, a colección Clásicos do Pensamento Universal, dende o seu nacemento financiada pola Fundación BBVA. Dende entón, Freud, Platón, MacLuhan, Newton, Descartes, Hawking, Lavoisier, Erasmo, Séneca, von Neumann… poden lerse en lingua galega, unha colección que escribe con letras de ouro na nosa historia cultural. Axiña daremos ao prelo os Cadros da natureza, do naturalista Alexander von Humboldt, publicada orixinalmente en 1808 e con magnífica tradución da profesora Marta Gómez Pato e introdución de Francisco Díaz-Fierros. 
Non sei onde comeza o meu amor polos libros e onde remata a miña devoción pola natureza pero, lendo a Humboldt, dáme igual, pois resulta un amor compartido e unha lección que tiña esquecida. A diversidade da vida, a riqueza do planeta e o fondo sentimento da paisaxe seguen aí pero semella non existiren se non as compartimos en Facebook. Bo é lembralo.